jueves, 27 de junio de 2013

PENSAMIENTOS PARA LA VIDA


Te transcribo algunas ideas que me gustaron de el libro titulado ¿Por qué sufro cuando sufro? de Carlos González Callés seguro te servirán...
•    Lo que nos sucede es importante, pero la manera en que reaccionamos ante ello es más importante aún.
•    ¡Tantísimas cosas no están en mi mano!… Si me pongo a contarlas, me desanimo al ver lo poquísimo que puedo hacer yo en mi propia vida, en el mundo y en la sociedad. Pero hay algo que sí puedo hacer, y eso en cualquier momento y en cualquier circunstancia. Y en ese don está mi dignidad humana, mi existencia independiente y mi itinerario de vida. - Mi vida es lo que son mis reacciones a las circunstancias, Y esas reacciones las gobierno yo… Ante el mismo hecho, puedo rendirme a la desesperación o abrirme a la esperanza. Esa elección está en mis manos, y a ella me aferro con la conciencia de mi responsabilidad y la alegría de mi libertad. No va a ser fácil admitir esta tarea y llevarla a cabo con acierto, pero en eso va mi vida.
•    Lo que afecta a los hombres no son los hechos, sino sus opiniones acerca de los hechos.
•    Ante un problema, es cuando cobra toda su fuerza esta noble actitud de reconocer que, aunque la situación no está en nuestras manos, lo que sí lo está siempre es la manera en que escojamos reaccionar ante ella: si nos dejamos hundir en un mar de quejas, lamentos y autocompasión; o si hacemos frente a la situación con entereza, sabiendo que la última responsabilidad de sentirnos bien o mal en cualquier circunstancia está en nosotros mismos. Ése es el reto.
•    El origen de toda perturbación es el desear que algo cambie y no lograr que así sea… la pena es que nos amargamos la vida tratando de cambiar lo que no podemos cambiar, y eso nos distrae y nos hace débiles cuando se trata de cambiar lo que sí podríamos cambiar.
•    No se trata de fatalismo pesimista por un lado no de triunfalismo optimista por el otro, como si con solo este cambio de actitud mágica se solucionasen todos los problemas y se curasen todos los dolores de la vida. No es tan fácil. Pero sí que podemos suavizar roces y aliviar penas en nuestra vida con esa actitud tan sana de hacer todo lo que esté en nuestra mano y dejar de amargarnos la vida por lo que de nosotros no depende.
•    Una lección importante acerca de mi conducta ante el sufrimiento inevitable de personas a quienes quiero: de alguna manera hago míos sus sufrimientos por el cariño y la solidaridad que por ellas siento; pero sin dejar tampoco que mi vida se desmorone por ello. Esta actitud de cercanía y distanciamiento al mismo tiempo con respecto al dolor de los demás, ha de mantenerse siempre por mucho que se quiera a alguien, y precisamente porque lo queremos. La mejor ayuda que puedo ofrecer a un ser querido que sufre es que sepa que comparto su dolor y conservo mi entereza.
•    A nadie debemos culpar de nuestras penas, ni siquiera a nosotros mismos. No se trata de acusación o de culpa, pero sí de asumir responsabilidad. En vez de buscar excusas, repartir culpabilidades y formular quejas, tomamos la realidad tal como es y enderezamos conscientemente nuestras reacciones para rebajar el impacto de las molestias que nos atacan sin remedio.
•    Si verdaderamente aceptamos el hecho de que todos somos hijos de Dios, jamás nos tendríamos en poco ni cederíamos a la adversidad.
¿Te hacen sentido?
Piénsalo…

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